domingo, 11 de noviembre de 2012

Hermetismo – Los Siete Principios Herméticos I


Anteriormente introducimos el tema de los Siete Principios Herméticos, por lo que hoy empezaremos por explicar el primero de ellos; al que seguirán los demás próximamente.

1er Principio Hermético: “El TODO es Mente; el universo es mental

Nos dice el “Kybalion” al respecto: “Este principio encierra la verdad de que “todo es mente”. Explica que el TODO, que es la realidad sustancial que se oculta detrás de todas las manifestaciones y apariencias que conocemos bajo los nombres de <universo material>, <fenómenos de la vida>, <materia>, <energía>, etc., y en una palabra, todo cuanto es sensible a nuestros sentidos materiales, es espíritu, quien en sí mismo es incognoscible e indefinible, pero que puede ser considerado como una mente infinita, universal y viviente”.

Esto quiere decir que todo el mundo material que percibimos, así como el espiritual, es una creación mental del TODO en el cual vivimos. Pero si vamos más allá, nos daremos cuenta también de que, entonces, las leyes que rigen nuestro mundo y el universo, visible e invisible, son leyes mentales.
Lo que llamamos en nuestro mundo “naturaleza” está regida, según la convención, por las leyes naturales. ¿Pero que son esas leyes naturales? No son más que otra forma de manifestación mental del TODO.


Es importante realizar y asentar este concepto, pues se dijo “El que comprenda la realidad de que el universo es mental, está muy avanzado en el sendero de la maestría”; y estas palabras tienen, y tendrán, siempre una validez rotunda.
Quiero ahora que se tenga una herramienta para entender este principio, pues dicho así podría parecer superfluo; o dicho desde la ligereza, pero nada más lejos de la realidad.
Pensemos en aquello a lo que nos referimos como TODO, es decir Dios (o cómo uno quiera libremente llamarle). Él, el TODO, lo contiene absolutamente todo como su nombre indica; es infinito y sin límite; no hay nada fuera de él, pues de lo contrario no podría ser llamado TODO.
Reflexionemos sobre esto. Si todo está incluido en Él y nada hay fuera de Él, quiere decir que todos formamos parte de lo mismo; del TODO único e indivisible. Luego, si formamos parte de Él y es TODO, no podemos haber sido concebidos fuera de él en modo alguno.
Si el TODO creara algo externo a Él, ya no formaríamos parte de Él; seríamos su creación, pero no su parte y él sería diviso y limitado, se quebrantaría el TODO. Por ello es que solo nos queda un lugar en el que residir, si no podemos ir más allá de Él: la mente.

Es entonces en la gran mente del TODO en la que tiene lugar toda realidad y existencia. Pero esa mente no es una mente limitada como la del ser humano, si lo es TODO no tiene fin, gozando de una mente infinita e ilimitada capaz de contenerlo todo y crearlo todo.
Sus capacidades son, por ende, igualmente infinitas e ilimitadas. Nosotros, una vez hemos pensado en algo o lo hemos creado, nos olvidamos; pero no así el TODO. A nosotros no nos preocupa el proceso, por ejemplo, por el que un animal de hace millones de años se convirtió en petróleo y ese petróleo se refinó, se convirtió en gasolina y terminó por permitir que nuestro coche se desplazara a dónde deseamos; solamente nos preocupa el que tengamos esa gasolina y lo que pueda costar, así como si la cantidad va a ser suficiente para llevarnos a dónde queremos. Pero al TODO le incumbe todo el proceso, desde el período anterior a la Creación hasta todo el proceso que ha llevado a la vida del animal y todo el proceso que ha seguido hasta hoy; como también el que seguirán los restos hasta el fin de los tiempos.
No hay nada grande o pequeño, TODO es igual ante la mente infinita; y nosotros formamos parte de esa mente.

Este conocimiento nos da una gran ventaja, pues sabemos que nuestro origen y verdadera esencia son mentales, no materiales. Sabemos que formamos parte de la Mente del TODO y por ello poseemos capacidades semejantes. Nuestra mente es la que crea nuestra realidad, porque la realidad es mental y nuestro verdadero yo también; siendo el único con verdadera existencia y capacidad para alterar lo que necesitemos.
Esta mente a la que nos referimos no es una mente humana limitada, como ya hemos dicho, sino una mente infinita; lo que traduciríamos de algún modo por espíritu (aunque esta traducción no sea plenamente exacta y sirva solo para hacer más sencillo el entendimiento de la cuestión).
Así pues, a través de la mente superior podemos obrar cambios en la realidad inferior. Poseemos la capacidad de crear y lo hacemos a diario, a cada instante que pasa sin darnos cuenta. Por ello es que debemos pararnos a reflexionar sobre esto e intentar asimilar este principio.
Cuando se apercibe de que el TODO, lo que le incluye a él mismo, es mente, tiene la llave para modificar la realidad que le rodea a través de la misma; porque lo ha hecho desde siempre, solo que sin darse cuenta de que lo hacía.
Un ejemplo que ahora puede parecer exagerado son las enfermedades. Si las tenemos es porque nuestras mentes han aceptado la realidad de las mismas, en nuestro interior tenemos inculcado que la enfermedad es real y que nada podemos hacer contra ella; cuando esto no es cierto.
Si el TODO es mente, nosotros poseemos también la capacidad de crear; luego, podríamos pensar también que las enfermedades son una falsedad, una mentira, y entonces, si fuéramos realmente conscientes de ello, esa enfermedad desaparecería desde el mismo momento en que nuestra mente tomara la posición de declararla falsa.

Esto mismo puede extrapolarse a muchos otros ejemplos, y es solo un caso que ahora puede parecer cuanto menos fantasioso; pero que no por ello deja de ser verdad.

Seamos pues, conscientes de este principio. Intentemos reflexionar nosotros mismos sobre el tema y tratemos de llevarlo a la práctica de un modo realista; pues de nada serviría, por ejemplo, tratar de convencer a nuestra mente de lo falso de una enfermedad y luego negar en nuestro interior la validez de nuestras propias palabras. En este caso, un pensamiento suprimiría al anterior y le arrebataría toda fuerza.

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